domingo, 30 de septiembre de 2007

La noria vuelve a girar

No, no me refiero al programa de Jordi González que perpetúa el legado de Salsa rosa para que el zapping siga siendo los sábados por la noche un deporte de riesgo, sino a que la temporada televisiva norteamericana ha levantado el telón.

El verano ha terminado al fin y la mayor parte de las grandes series -excepto la que espero con más impaciencia, que no volverá hasta febrero (¡malditos!)- ha vuelto ya a las pantallas o lo hará en los próximos días.

Para los que estén tan despistados como yo lo estaba hasta hace unas horas, aquí va una lista de deberes para los próximos días (elaborada solamente con las series que yo voy a ver, no con todas), confeccionada gracias a este calendario visto en La chica de la tele.

La que hoy termina ha sido la semana grande de estrenos, así que supongo que este fin de semana los torrents, pandos y similares están echando humo.

La encargada de abrir mi lista de deseos para el año nuevo es Cómo conocí a vuestra madre. Estoy en pleno programa de desintoxicación (lo que me ha permitido dosificar la segunda temporada de las andanzas de Ted y compañía, que llevo por la mitad, aunque sí que he visto ya Slap Bet), así que no sé exactamente en qué punto está la historia. La promo estilo CSI de la tercera temporada no aclara mucho, pero tampoco hace falta.



Y ya que hablamos de los forenses, ni que decir tiene las ganas que tenía de que volvieran, para conocer al fin el desenlace del formidable cliffhanger con que cerraron su séptima temporada (aunque, dado el título del episodio que abre la octava, Dead doll, uno se imagina por dónde van los tiros).

Los chicos de Grissom regresaron el viernes, el mismo día que el equipo de Urgencias, que comienza su decimocuarta y última temporada, y la troupe de Anatomía de Grey (que veré cuando la pongan en Fox o en Cuatro). Un día antes, el jueves, tuvo lugar el debut de su spin off, Private Practice, un proyecto al que espero le hayan dado un buen lavado de cara, porque como siga la línea de la presentación que vimos en Grey, no llegará a las navidades.

También ha vuelto House (ésta creo que esperaré también a que la pongan por aquí, porque no hay manera de seguirla subtitulada), que arranca su cuarto año con un multitudinario casting para escoger a los sustitutos de los miembros de su equipo, de los que se deshizo (de una u otra forma) al final de su tercera etapa.

Héroes es la última de las series de mi lista que ha reaparecido en los últimos días, después del decepcionante final de su primera entrega y de un verano plagado de rumores sobre el reparto y sobre su tan publicitado spin off, Origins, negativa de Tarantino incluida (éste es el único regreso que he visto por ahora, y no está mal, claro que, aunque me contradiga porque ya sabemos que no está al mismo nivel que Perdidos, su inicio de temporada palidece comparado con cualquiera de los de la isla).

Pero la cosa no acaba aquí, ni mucho menos. Esta misma noche (madrugada para nosotros) vuelven las chicas de Wisteria Lane y el asesino en serie favorito de América, así que el próximo fin de semana volverán a echar humo los torrents y los pandos, y volveremos a venerar a esas celestiales criaturas que, sin pedir nada a cambio, se encargan de que podamos entender lo que dicen los protagonistas de nuestras series, unos ángeles sobre los que podría escribir mucho, aunque nada sería tan bonito como las palabras que ya les dedicó Hernán Casciari en Orsai.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Previously on 'Libros de Babel'

Llegamos a los 50 textos y, tomando prestada la idea a Microsiervos (gracias), proponemos hoy un repaso por los temas de los que hemos hablado por aquí en todo este tiempo. Ellos lo hacen de forma anual, pero como nosotros no llevamos tanto tiempo, creemos que 50 artículos bien merecen una pequeña recopilación (teniendo en cuenta nuestra telefilia, el título estaba claro), para que los visitantes ocasionales y los que se han subido tarde al carro puedan ponerse al día en sólo unos minutos.

Aunque hacía varios años que la idea de hacer algo (aún no sabíamos exactamente qué) rondaba por nuestras cabezas (con su título incluido), Libros de Babel nació en marzo de 2006 con una hermosa bienvenida a cargo de mi compañero.

Queda mal admitirlo, pero pasó más de un año hasta que una servidora se dignó a garabatear unas líneas, pero la ocasión lo merecía: el trigésimo aniversario del estreno de Star Wars. Como no podía ser menos, también hemos hablado de Indiana Jones (y seguiremos haciéndolo), porque, por si alguien no se había enterado, George Lucas, Steven Spielberg y Harrison Ford se han puesto manos a la obra y están rodando la cuarta entrega. Aparte de algún temor íntimo motivado por la inquietante presencia de su hijo, analizamos (sin ningún rigor, porque yo el rigor lo entierro en cuanto aparece el Hombre) la primera imagen oficial, comentamos su título y también un rumor sobre su argumento.

Siguiendo con la pantalla grande, por aquí han pasado Hitchcock, Aterriza como puedas (sí, me doy cuenta del impacto que supone pasar de uno a otra), Colin Firth (éste entra más bien en la categoría de perversiones personales, pero bueno, hace películas), la preselección y la selección final de la película que envía España a los Oscar, la huelga de doblaje del 93, los peculiares títulos con que algunas producciones extranjeras llegan a nuestras pantallas (la serie continuará, lo prometo), esos proyectos que, con meses de diferencia, cuentan exactamente la misma historia y también lo difícil que resulta en ocasiones mantenerse despierto en la oscuridad de una sala de cine.

De vez en cuando nos acordábamos de cómo se llamaba este rincón, y hablábamos de los programas televisivos sobre libros, de Agatha Christie, de Dante y de un libro peculiar pero divertidísimo escrito por Flann O'Brien que además contiene misteriosas conexiones con Perdidos.

De las andanzas de nuestros náufragos favoritos también nos hemos acordado, unas veces de refilón, otras para quejarnos de los nueve meses de ausencia y otras para criticar que enseguida se compare cualquier serie nueva con ella.

Otra troupe, en esta ocasión la comandada por el presidente Bartlet, es otra de nuestras debilidades, y de ella escribimos en las pasadas elecciones municipales, cuando vimos el piloto de la sexta temporada (por Dios, que editen en DVD las dos últimas ya), cuando hablamos de Studio 60 y cuando comentamos (en dos entregas) la última ceremonia de los Emmy.

Siguiendo con la pequeña pantalla, estos meses hemos hablado de la añorada Friends, de la salvaje Little Britain, de la marcha de Buenafuente de Antena 3, del final de la tercera temporada de House, de Dexter, de Jericho, de la espectacular séptima temporada de CSI, de la muerte de Angela Channing, del no de Tarantino a Héroes, de la copia española del equipo de Grissom, de mi incapacidad genética para dosificar las series que me gustan y hasta de Supermodelo.

Y aparte de todo eso, hemos tenido tiempo para defender a los frikis, para empezar (y continuar, espero terminarlo pronto) a contaros cómo fue nuestro viaje a Londres, para hablar de Sinatra, de bichos, de problemas con el ADSL, para alertaros sobre los riesgos de la piratería, para agradecer las mil primeras visitas y para mandarle un abrazo enorme a Pau.

Estas son casi todas las historias que os hemos contado en estos últimos meses. Esperamos que os hayan gustado y que volváis a por más, porque las habrá.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Al final ganó el miedo


Ni Garci ni la Guerra Civil. Como se preveía, la Academia de Cine española ha seleccionado El orfanato para que represente a nuestro país en la próxima edición de los Oscar de Hollywood. La presidenta de la institución, Ángeles González Sinde, ha dado a conocer esta mañana la decisión de la Academia, que tenía que escoger entre El orfanato, del debutante Juan Antonio Bayona; Las trece rosas, de Emilio Martínez Lázaro, y Luz de domingo, de José Luis Garci.

Casas encantadas, niños fantasmagóricos y sobresaltos son algunos de los ingredientes de la película de Bayona, que como ya contamos en su día encandiló a público y crítica en su pase en el Festival de Cannes. La cinta está producida por Guillermo del Toro y protagonizada por Belén Rueda, dos profesionales que saben lo que es pisar la alfombra roja del Teatro Kodak, aunque sólo el filme con el que competía la segunda logró llevarse la estatuilla a casa.

La siguiente parada en la carrera hacia los Oscar tendrá lugar el 22 de enero, cuando la Academia de Hollywood anuncie sus nominaciones y sepamos si finalmente El orfanato (que se estrena en las salas españolas dentro de dos semanas, el 11 de octubre) es una de las elegidas.

martes, 25 de septiembre de 2007

Expectación y angustia

Los que veáis TVE conoceréis un espacio titulado ¿Te acuerdas? que suele emitirse en los Telediarios del fin de semana y en el Canal 24 horas y que bucea en el archivo del Ente para elaborar reportajes que echan una mirada al pasado partiendo siempre de un enganche de actualidad.

Con motivo de la celebración de la 55ª edición del Festival de San Sebastián, el pasado fin de semana emitieron un reportaje que recordaba los comienzos del certamen (iniciativa de un grupo de empresarios donostiarras) y repasaba la lista de figuras que han pasado por allí en todo este tiempo (muchos de ellos para recoger el premio Donostia, de cuya leyenda negra no se hablaba en el vídeo), entre ellos Alfred Hitchcock, que acudió a San Sebastián para presentar Vértigo y al que el reportero en cuestión (no sé quién era) se refería como "el productor Alfred Jico", conocido por sus películas "de expectación y angustia". La frase es graciosa y tiene un punto entrañable, pero ¿a alguien se le ocurre una manera mejor de describir el cine de Jico?

lunes, 24 de septiembre de 2007

Romanos de manga larga

La gente siempre dice que hay que tener aficiones, que no es bueno pasar el tiempo libre sin hacer nada, que hay que ocupar los ratos de ocio haciendo algo que nos satisfaga, que nos llene, incluso que nos haga mejores personas. Pero claro, los que dicen eso son aficionados a la jardinería, el bricolaje o la papiroflexia, y nada saben de las vicisitudes de quienes nos aficionamos a un actor, un director, un cantante o un escritor y tenemos que padecer los altibajos de sus carreras.

Por supuesto, no hablo de profesionales de currículum intachable que hasta en el peor de sus días te obsequian con una pequeña obra maestra. No, no hablo de ellos, sino de otras aficiones, aquellas que comienzan por motivos extraprofesionales y te acaban encadenando a todo aquel proyecto en que esté implicado el sujeto en cuestión.

Todo el que me conoce sabe quién encabeza la lista de mis aficiones (para saber cuántos bodrios me he tragado por su culpa sólo hay que echar un vistazo a su filmografía), pero hoy no le toca a él, sino a otro de los miembros de esa lista (situado a mucha, mucha distancia del primero).

Su trayectoria es bastante oscura, no se prodiga mucho y es un poco soso, pero los trajes, especialmente los de época, le quedan de fábula. Además, a mí me gusta.

Tras una serie de papeles de reparto poco afortunados en producciones de medio pelo, Colin Firth se metió en el bolsillo a todas las féminas británicas con su interpretación del arisco Mr. Darcy de la adaptación televisiva que hizo la BBC de la novela de Jane Austen Orgullo y prejuicio. Tal fue el impacto del chico (y su camisa mojada) que Helen Fielding escribió para su Bridget Jones un novio ideal (Mark Darcy) inspirado directamente en el amigo Colin (como todos sabéis, Firth interpretaría a Darcy en las dos entregas cinematográficas de la patosa Bridget).

Gracias al ciclón Darcy, en los años siguientes encarnaría al protagonista de la adaptación al cine de la novela de Nick Hornby Fiebre en las gradas y tendría dos pequeñas pero cruciales apariciones en dos películas con Oscar: El paciente inglés y Shakespeare in love (curiosamente, era en ambas un marido cornudo que pierde a su mujer en los brazos de un Fiennes; Ralph en la primera y Joseph en la segunda).

Después llegarían títulos como las dos entregas de Bridget Jones, Love actually, La joven de la perla y trabajos tras prescindibles como La importancia de llamarse Ernesto o Un sueño para ella. La última en llegar a las pantallas españolas ha sido La última legión, una aventura épica ambientada en los últimos días del Imperio romano en la que el apuesto Colin hace de soldado, razón más que suficiente para ir a verla.

Pero esto no es Espartaco, ni Ben-Hur, ni siquiera Gladiator. Aquí no hay tipos hercúleos con torsos sudorosos. Ni torsos, ni piernas, ni nada. En La última legión es invierno y la gente, incluido Firth, van tapados hasta las orejas. Para colmo, como la chica es la india Aishwarya Rai, no hay ni un triste beso de refilón.

Por lo demás, la película se deja ver (aunque no cumple para nada las expectativas con que fui a verla), si obviamos que el enganche de la historia (que no está mal) con la de Excalibur y Arturo está un poco cogido por los pelos. Se olvida dos minutos después, pero al menos no hace daño, que ya es algo.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Made in Spain


Jerry Bruckheimer debe de pedir una pasta a todo el que llame a su puerta pidiendo permiso para hacer una versión patria de CSI. Sólo así se explica que la cadena amiga, experta en inspirarse en producciones norteamericanas de éxito para destrozarlas (de Urgencias sacaron Hospital central y de Anatomía de Grey MIR) haya tenido que recurrir a una serie italiana (que a su vez es hija ilegítima de la franquicia forense) para hacer su propia versión, RIS.

El punto de partida de esta rocambolesca historia ya es bastante absurdo. Si tienes los derechos de emisión no sólo de CSI, sino de toda la franquicia, ¿qué necesidad tienes de hacer una adaptación? Y si obvias detalles como que es más que probable que sea peor que el original (me refiero, claro, a los chicos de Grissom, no a los demás), ¿por qué recurres a una versión italiana y te empeñas en decir, una y otra vez, que tu serie no tiene nada que ver con CSI? ¿De veras crees que la gente es tonta? ¿Y por qué dices en la presentación de la serie que gracias al caso Madeleine la gente se ha familiarizado con términos como ADN si hace unos seis años que empezó a emitirse CSI en España y en ese tiempo casi todo el mundo ha visto algún episodio?

Sé que es un poco cruel (además de inapropiado) comentar una serie que aún no he visto -se estrena esta noche a las 22.00 (más bien cerca de y media, como siempre)-, pero las fotos y los vídeos promocionales dan vergüenza ajena, aunque seguro que será un éxito, como casi todo lo que programa Telecinco.

El capítulo de esta noche (que no veré porque tengo que trabajar, así que mañana leeré las críticas) comenzará, por mucho que insistan en sus distancias con CSI, con dos detalles directamente tomados del piloto del equipo de Las Vegas: el relevo en la dirección del grupo de investigadores tras la retirada del jefe por culpa de la esclerosis múltiple (¿también ecos de la Administración Bartlet?) y la incorporación de una chica novata (¿la matarán a ella también?).

viernes, 21 de septiembre de 2007

Gracias

A los que llegaron por casualidad, a los que lo hicieron por error, a los que buscaban porno y confundieron Babel con Sodoma (o con Gomorra), a los que vinieron una vez y nunca más les vimos el pelo, a los que vinieron un día y al siguiente volvieron, a los que les gustan las historias que contamos (y a los que no) y a los que también nos cuentan las suyas, a los que les gusta el cine, a los que les gusta la televisión, a los que les gustan los libros, a los que no les gusta nada de todo eso pero siguen viniendo y, claro está, a los amigos. A todos vosotros, gracias. Esta noche hemos alcanzado las mil visitas. Sabemos que somos sólo una gotita en medio de un océano enorme, pero poco a poco vamos creciendo. Gracias.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Va a ser que no


Esta noche pensaba contaros una bonita historia sobre resonancias magnéticas, pinchazos (dolorosos, of course) y gente que no sabe qué es el tórax, o quizás otra sobre el miedo que da cuando se te planta encima (es de noche, vas sola en el coche y estás en medio de la carretera) un tormentazo con sus truenos, sus relámpagos y sus rayos, pero hoy ha sido un día especialmente malo y no me apetece demasiado escribir, así que os voy a contar otra historia, más corta y más divertida.

Los que sigan la información sobre las series yanquis sabrán que, aparte del inminente estreno de la segunda temporada de Héroes, se está preparando un spin off, titulado Origins, que se emitirá cuando termine esa segunda tanda de episodios. La productora está tirando la casa por la ventana con ese nuevo proyecto y ya ha fichado para el primer capítulo a Kevin Smith, con la pretensión de que se unan otros realizadores de renombre.

Uno de los elegidos para unirse a esa lista fue Quentin Tarantino, al que la pequeña pantalla le gusta tanto que incluso ha dirigido episodios de Urgencias y de CSI (el impresionante doble capítulo Peligro sepulcral).

Pues bien, los productores le llamaron (lo ha contado el propio director; podéis leerlo aquí en inglés y aquí en español) y le hicieron la propuesta: dirigir un episodio de Héroes. Respuesta de Tarantino: "¿Qué coño es Héroes?".

Conociéndolo, seguro que la conversación fue mucho más larga (y pródiga en términos malsonantes), pero creo que todos hemos captado la falta de interés del director en el proyecto, ¿no?

miércoles, 19 de septiembre de 2007

¿Rusos?

[rumores y posibles spoilers no confirmados en absoluto
sobre la cuarta entrega de Indiana Jones]


A veces echo de menos aquellos tiempos en los que uno podía entrar a una sala de cine sin saber de qué iba la película que iba a ver, cuando no había tropecientas webs, foros, blogs (ni siquiera Internet) que te destripaban todos y cada uno de los detalles elevando a la categoría de noticia cualquier rumor escuchado por el amigo de un amigo de un amigo en la cola de un baño.

El mundo es, si no mejor, sí mucho más interesante desde que Internet se convirtió en una parte más de nuestras vidas, pero tal vez hayamos perdido para siempre nimiedades como la inocencia con la que acudí a mi primer encuentro con Indiana Jones.

Queda una eternidad para que se estrene el cuarto Indy (22 de mayo de 2008), pero va a ser complicado que pase un solo día sin que nos encontremos (voluntariamente o no) con algún nuevo rumor.

Una vez desvelado el reparto (y confirmada la ausencia ¿definitiva? de Sean Connery) y publicado el título oficial después de que a Shia LeBeouf se le escapase, empieza el culebrón de la trama.

Un periódico de Oklahoma ha publicado una entrevista con un supuesto extra de la película que asegura, a pesar de haber estado por allí sólo un rato y de no haber visto el guión ni de lejos, que la cosa va de rusos. Al parecer, en su búsqueda del cráneo de cristal del título por Suramérica, Indy se va a tener que enfrentar a malencarados soldados soviéticos (liderados por una despiadada interrogadora interpretada por Cate Blanchett) que incluso amenazarán con matar a Marion para hacerse con la dichosa calavera.

No contento con eso, el tipo (un bailarín de tres al cuarto al que espero hayan pagado muy bien en el periódico porque Lucas va a acabar con él) va más allá y apunta incluso que será el presunto retoño del arqueólogo (LeBeouf) el que deberá rescatar a sus padres sacando a relucir sus genes y de paso un temor que ya creí enterrado.

martes, 18 de septiembre de 2007

El día después

Mi futuro marido (*) me ha recriminado la sosez de mi texto sobre los Emmy, del que me ha dicho algo así como que es una mera sucesión de nombres salpicada con tropecientos enlaces. Como sé que, al menos en parte, tiene razón (es lo que pasa cuando no escribes algo de un tirón, sino que lo vas haciendo a trompicones mientras estás en el trabajo), vamos a intentar remediar un poco el desaguisado.

Como dijimos ayer, aunque su reparto se fue a casa con las manos vacías, la gala fue básicamente un homenaje a Los Soprano, una serie unánimemente venerada por críticos y espectadores (y mucho gafapasta, todo hay que decirlo) desde su estreno.

Los Soprano lleva años en mi lista de tareas pendientes (Mambotaxi me comentaba ayer que la reserva por si algún día le escayolan) y este verano por fin le metí mano. Vi tres o cuatro episodios (no seguidos) y la volví a aparcar. ¿Por qué? Porque no me enganchó. Sé que es buena y su historia es interesante, pero del mismo modo que cuando empiezo a ver algo que de verdad me gusta soy incapaz de parar, enseguida aparco lo que no me llena (el caso paradigmático son quizás las andanzas de la familia Fisher, que dejé a un lado porque la desolación que emana de cada capítulo me dejaba con el ánimo por los suelos).

Por eso, porque sus creadores no han sabido darle un final (lo del fundido a negro me parece una tomadura de pelo) y, sobre todo, porque creo que es un agravio comparativo con respecto a otras series que también se merecían un homenaje en su despedida, me pareció excesiva la parafernalia que se montó en torno a la serie de David Chase en el Shrine Auditorium.

Por lo que respecta a lo demás, no debemos olvidar que quienes votan los Emmy no ven las series completas (ni siquiera las temporadas completas), sino sólo los episodios que seleccionan las cadenas (¿qué pasaría si los que votan los Oscar vieran sólo diez minutos, escogidos al azar, de cada película?), una barbaridad que podría explicar disparates como que Perdidos y Cómo conocí a vuestra madre no hayan sido siquiera nominadas (a Mejor Drama y Mejor Comedia, respectivamente), como tampoco ninguna de las Gilmore (que también se han despedido este año), que James Spader haya ganado a Hugh Laurie, James Gandolfini e incluso a Kiefer Sutherland, que la sorprendida Katherine Heigl se llevara una estatuilla a casa (y Barney, que por cierto acudió a la gala con su novio, no) o que sigan premiando a El séquito (otra de la que aguanté sólo el piloto, lo siento).

(*) Esta mañana hemos iniciado los trámites para casarnos (la cosa va para largo porque nuestros papeles van a dar más vueltas que los del Archivo de Salamanca), una gestión tan emocionante como renovar el DNI (bueno, no tanto, porque ni siquiera nos han pringado los dedos de tinta), aunque al menos ya hemos dado el primer paso. Seguiremos informando.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Los Emmy despiden a 'Los Soprano'

No hubo demasiadas sorpresas en la ceremonia de entrega de los Emmy. Como se esperaba, los premios se ajustaron perfectamente al guión y despidieron a la familia Soprano con tres galardones (Dirección, Guión y el premio gordo de la noche, Mejor Drama) y hasta un número musical a cargo de los Jersey Boys.

Salvo el triplete de Los Soprano, el resto de los premios estuvo, como se suele decir, muy repartido. 30 Rock se llevó el de Mejor Comedia (candidatura en la que ni siquiera estaba nominada Cómo conocí a vuestra madre), el envarado James Spader de Boston Legal el de Mejor Actor Dramático; Ricky Gervais el de Mejor Actor de Comedia, por Extras (como no estaba en la sala y además el premio lo entregaban los peligrosísimos Jon Stewart y Stephen Colbert, decidieron dárselo a su amigo, el también nominado por la versión yanqui de The Office Steve Carell); Sally Field (a la que le cortaron el antibelicista final de su discurso de agradecimiento) fue la Mejor Actriz Dramática por Cinco hermanos (esa serie que nunca veré por su culpa), y America Ferrera, la Mejor Actriz de Comedia por Ugly Betty.

Tampoco hubo mucho jaleo en los premios a las interpretaciones de reparto. En la sección dramática, Terry O’Quinn (con su impactante camisa fucsia, su no menos llamativa corbata con piedrecitas brillantes y con Michael Emerson -no importa que esté o no actuando, este tío da grima lo mires como lo mires- sentado justo a su espalda) se llevó a casa lo que no era más que un premio de consolación para la excelente tercera temporada de Perdidos, mientras Katherine Heigl se llevaba una estatuilla por Anatomía de Grey.

En la sección de comedia, Jeremy Piven (El séquito) le quitó su más que merecido galardón a Neil Patrick Harris (al que afortunadamente pudimos ver sobre el escenario bromeando sobre la recién alcanzada mayoría de edad de Hayden Panettiere) y Jaime Pressly se llevó el premio a la mejor secundaria de comedia por Me llamo Earl.

En las categorías de miniseries y programas de variedades, Helen Mirren sumó otro galardón a su ya amplia colección (por Primal Suspect), Robert Duvall y Thomas Haden Church fueron premiados por Broken Trail, Judy Davis por The Starter Wife y Jon Stewart se llevó el de Mejor Programa de Variedades (el de guión en esta categoría fue para el equipo del programa de Conan O’Brien).

En cuanto a la gala en sí, la verdad es que no puedo comentar mucho. Sólo aguanté una hora (hoy había que trabajar y yo sólo paso la noche en vela por los Oscar) y, aunque no me pareció un sopor, tampoco me aportó mucho. Ryan Seacrest es, en efecto, muy soso, y la frivolidad de poner un escenario circular, aparte de condenar a gran parte de los asistentes a ver sólo la parte trasera del show, provocó más de un despiste entre quienes debían entregar los premios.

Pero lo mejor no fue lo que ocurría en el Shrine Auditorium. La parte más hilarante de la noche fue la protagonizada por la señora encargada de la traducción simultánea de la gala en la retransmisión que SET hizo del evento (nada que objetar sobre su compañero, infinitamente mejor que los encargados de la ceremonia de los Oscar en Canal+, que son una verdadera tortura), una profesional que, en el ratito que vi, dejó perlas como llamar “el presentador” a Ellen DeGeneres (lo que tiene su punto, pero no es para nada adecuado), decir que iba a “presentar, introducir” (verídico) y traducir “a performance by Christina Aguilera and Tony Bennett” como “una... (varios segundos de pausa, se ve que no sabe cómo traducir performance, a pesar de que la han contratado para la retransmisión de unos premios en la que es más que probable que haya alguna)", hasta que desiste y dice sólo: "Christina Aguilera y Tony Bennett”. Di que sí. Con un par.

Se salió


Quedaban dos segundos. Rusia iba un punto arriba. El balón era para España. Carlos Jiménez saca de mediocampo y pasa a Gasol. Pau tira, la pelota entra y vuelve a salir de la canasta. Final. Gasol se derrumba y los rusos celebran la victoria que les corona como campeones de Europa.

La selección no tenía su noche, ni Pau tampoco, aunque, como siempre, su aportación fue crucial. Por eso lanzó el último tiro, porque el último tiro es un privilegio y una responsabilidad reservada a los mejores, aunque, al final, el que falla siempre es el mejor. Es imposible saber qué pensaba Gasol al final del partido, sentado en el suelo, con la mirada perdida, mientras a su alrededor una nube de fotógrafos tomaba la imagen que está dando la vuelta al mundo.

No importa cuánto consuelo reciba en los próximos días, porque no servirá de nada. Un día, no mañana pero sí pronto, se levantará de la cama y recordará que es campeón del mundo, subcampeón de Europa, una estrella en la NBA y el líder de la mejor selección española de baloncesto de todos los tiempos, un grupo de excelentes jugadores y, sobre todo, grandes personas, que llevan dos años haciéndonos soñar.

Un día, Pau se mirará al espejo y ya no pensará en lo que ha perdido esta noche, sino en la siguiente batalla, porque los héroes, cuando caen, siempre se vuelven a levantar.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Garci, otra vez

La cosecha de este año del cine español es de las peores que se recuerdan. No sólo en términos económicos (que hasta la fecha son verdaderamente catastróficos, aunque seguro que alguna coproducción internacional sacada de la manga a última hora, del tipo Sahara o El reino de los cielos salvará los muebles) sino, sobre todo, en términos artísticos, y buena prueba de ello son los tres títulos preseleccionados por la Academia española para representar a nuestro país en los Oscar.

Aparte de la presencia del sempiterno José Luis Garci, al que la institución recurre cada vez que necesita completar la terna de precandidatas (y al que le viene de perlas la promoción gratuita, toda vez que hace tiempo que su trabajo ha perdido el favor de la prensa y también del público), lo más llamativo es que, por primera vez (al menos que yo recuerde), ninguna de las tres cintas escogidas se ha estrenado aún en salas comerciales, a pesar de que las normas de la Academia exigen que las películas en cuestión hayan sido proyectadas al público antes del 30 de septiembre, lo que indica que hasta ahora no se ha estrenado nada digno siquiera para esa preselección y que además obligará a algún estreno apresurado, aunque sea en Talavera de la Reina (una táctica empleada durante años por Garci para tener opciones de colarse en esta primera criba).

Los tres títulos escogidos por la Academia son Luz de domingo, de Garci; Las trece rosas, de Emilio Martínez Lázaro, y El orfanato, de Juan Antonio Bayona.

La primera, que no se estrenará hasta mediados de noviembre, es un drama de época basado en una novela de Ramón Pérez de Ayala con el caciquismo como telón de fondo y con Paula Echevarría, Carlos Larrañaga y Alfredo Landa en sus papeles principales.

La segunda es otro drama, también ambientado en el pasado, en esta ocasión la Guerra Civil, y cuenta la historia de trece mujeres ajusticiadas en las postrimerías de la contienda.

Por su parte, El orfanato (que es la que a priori tiene mejor pinta) es una cinta de terror (reúne algunos de los tópicos del género, como niños inquietantes o una antigua casa semiabandonada) protagonizada por Belén Rueda y Geraldine Chaplin y dirigida por un debutante que ha contado con el respaldo en la producción de Guillermo del Toro. La película se exhibió fuera de concurso en el Festival de Cannes y logró una ovación de más de diez minutos.

La Academia española decidirá el día 27 cuál de ellas envía a los Oscar, que anunciarán el 22 de enero las candidaturas a unos premios que se entregarán el 24 de febrero en el Teatro Kodak en una gala presentada (afortunadamente, porque lo de Ellen DeGeneres el año pasado fue un horror) por Jon Stewart.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Luto en el Valle de Tuscany


Trabajó a las órdenes de Billy Wilder, Douglas Sirk, Michael Curtiz, Frank Capra o Robert Wise, e incluso creyó a Hitchcock cuando le dijo que la Dietrich debía salir deslumbrante en pantalla y ella como una del montón porque así lo exigía el guión.

Compartió cartel con James Stewart, Cary Grant, Gregory Peck, Errol Flynn, Rock Hudson y al final se acabó casando con Ronald Reagan. Ganó un Oscar y fue candidata a otros tres (seguro que mereció alguno más).

Fue la reina del melodrama en los 50 y encarnó como pocas a la típica mujer humilde, modesta, que sale adelante a pesar de todo, sorteando con abnegación cuantas dificultades se interponen en su camino, un rostro familiar alejado de la arrogante y seductora voluptuosidad de algunas de sus coetáneas que acabó siendo tan popular que tuvo su propio programa de televisión.

Pero a pesar de todo eso, de sus más de cien trabajos y de su impresionante currículum, la muerte de Jane Wyman nos dolió el pasado lunes porque se nos iba Angela Channing.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Ni rastro de la Atlántida


O eso parece. Lucasfilm acaba de hacer público el título de la cuarta entrega de las aventuras de nuestro arqueólogo favorito, Indiana Jones and the Kingdom of Crystal Skull, algo así como el reino del cráneo de cristal.

El anuncio, dado a conocer hoy a la prensa, pone fin a los rumores y a las docenas de títulos provisionales que pululaban por la Red y, aunque no deja muy claro de qué va la cosa, sí que da alguna pista.

Al parecer, existen unos cráneos de cristal, tallados en cuarzo, que poseen enormes propiedades místicas y que están ligados a las culturas precolombinas. La leyenda cuenta que existen trece de estos cráneos ocultos en distintas partes de mundo, pero hasta el momento sólo se han encontrado cinco. Alguno de esos cráneos podría estar relacionado con la Atlántida, lo que deja la puerta abierta para que Indy se lance a la búsqueda del continente perdido, aunque habrá que ver cómo encaja todo esto con los rumores (algunos de ellos instigados por Lucasfilm) de que el Arca volverá a aparecer en escena.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Los peligros de la piratería

Aparte de que se te puede llenar el ordenador de virus si no tienes cuidado con lo que descargas (al menos eso es lo que te dicen en el servicio técnico cada vez que llamas porque tienes un problema con el ADSL) y de que te pueden meter un buen paquete si te pillan las celosas autoridades que velan por los derechos de la propiedad intelectual (esas mismas que nos cobran de más por CD, DVD y otros soportes y que nunca hicieron nada contra las redes de venta de cassettes piratas), hay otras cosas que te pueden pasar si cometes el terrible pecado de ceder a la tentación de la piratería.



Corrección: Mi novio me informa de que las autoridades sí que intervinieron en su día contra la piratería de cassettes, aunque en mi infancia los mercadillos de la Costa del Sol estaban plagados de puestos (nada de mantas en el suelo, puestos con sus mesas, toldos y demás) donde podías comprar casi todo lo que había en el mercado.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Lo mío con Grissom


[spoilers sobre la séptima temporada de 'CSI']


A pesar de ser una de las series que más he visto en los últimos años, mi relación con CSI ha sido cualquier cosa menos constante. En su día vi en Telecinco el principio, con aquel impactante piloto en el que moría la chica recién llegada que se suponía iba a ser uno de los ejes de la serie, pero mis más que inestables horarios laborales me impidieron en los años siguientes verla más allá de capítulos sueltos que pillaba siempre a la mitad o a las dos de la mañana en las incesantes repeticiones programadas por la cadena amiga.

Podría pensarse que su naturaleza eminentemente episódica es ideal para un seguimiento discontinuo, porque al final de cada capítulo pillan al malo y listo. Pero en CSI, aparte de la mera investigación de los crímenes que ocurren cada noche en la ciudad del pecado, hay un tenue y sutil sustrato personal, humano, compuesto por los retazos de las vidas de sus protagonistas, que a lo largo de los años los guionistas han ido dejando como las pistas que los forenses recogen en cada escena del crimen.

Tan sutil es ese retrato de los personajes que la sexta temporada (la última emitida hasta ahora en España) terminaba con Grissom (William Petersen) y Sara (Jorja Fox) en la habitación de un hotel, hablando sobre si les gustaría o no saber cuándo van a morir y desvelando de repente una relación (sabíamos que había un interés mutuo, pero nada más) sin que hayamos visto siquiera su primer beso.

Como soy un animal de costumbres, pensaba esperar a que la séptima temporada llegase a AXN o a Telecinco mientras dedicaba mis noches libres de los lunes a despotricar contra Horatio (el hombre de las gafas de sol, las manos en la cadera y la mirada esquiva, incapaz de mirar a la cara a nadie con el que esté hablando y que tiene siempre el mismo rictus pétreo, no importa que esté en la cola del súper o que esté viendo morir a su hermano) y los suyos, pero la ferviente recomendación de Hernán Casciari en Espoiler picó mi curiosidad y me llevó a conseguir los siguientes episodios de los chicos de Grissom, los primeros que vería sin anuncios y en versión original.

Si digo que es una temporada rara, me quedo corta. Con tantos años a sus espaldas, numerosos premios y el apoyo incondicional de la audiencia de todos los países en los que se ha emitido, lo normal sería seguir con la fórmula de siempre y renunciar a toda innovación, pero nada más lejos de la realidad. Menos un episodio musical, en la séptima hay de todo. Desde un episodio dividido en capítulos y narrado por los cadáveres cuyas muertes investigan los forenses, hasta el deceso casi simultáneo de dos gemelas que no se conocen, pasando por un asesino accidental cuyos flashbacks están narrados como si de una comedia muda se tratase, un homenaje a la edad de oro de Las Vegas (la del apogeo de la mafia), un episodio protagonizado por los técnicos del laboratorio (con Hodges a la cabeza), una secta que cree que alienígenas con forma de reptil nos están invadiendo y alguna que otra matanza.

Pero aunque cualquiera de estos episodios es muy superior a cualquier otra serie policiaca, lo mejor son los dos arcos argumentales de la temporada. El primero dura cuatro capítulos y está protagonizado por Keppler, un policía procedente de Philadelphia que se une al turno de noche para suplir la ausencia de Grissom, que se ha tomado una pequeña excedencia para impartir un curso sobre bichos en una universidad (el estrés obligó a William Petersen a tomarse un descanso en pleno rodaje).

Keppler, interpretado por Liev Schreiber y presentado por la CBS con una divertida campaña de publicidad (por desgracia no sigue activa), protagoniza cuatro de los mejores capítulos de la temporada, que combinan un asesino en serie en activo desde los años 70, un engaño a todo el laboratorio para pillar a un escurridizo criminal y una red que roba tejidos y huesos a los muertos, no importa que estén sanos o no, para venderlos después como partes perfectamente saludables a gente que necesita un trasplante. Como queda claro desde su primera aparición en pantalla, Keppler carga con un oscuro pasado, que incluye la muerte de su novia, el ajusticiamiento de su presunto responsable (y su posterior encubrimiento) y su conflictiva relación con el padre de la chica, una historia que se revolverá en su cuarta y última intervención en la serie.

Si el de Keppler es interesante, el arco de las miniaturas es sencillamente fabuloso. Arranca en el primer episodio y continúa hasta el último (y sigue abierto), aunque sólo está presente en un puñado de capítulos.

Todo comienza con el asesinato de una estrella del rock venida a menos (a la que Grissom y el doctor Robbins homenajean cantando su gran éxito mientras le hacen la autopsia) junto a cuyo cadáver aparece una réplica exacta en miniatura de la escena del crimen. Cuando digo exacta quiero decir exacta. Todos y cada uno de los objetos de la habitación están reproducidos con una minuciosidad que aterroriza a los investigadores y fascina a Grissom, al que, como sabemos, apasionan los detalles. Junto a la identidad del asesino, la pregunta que asalta a todos es si el criminal fabrica su réplica antes o después del crimen. A lo largo de la temporada, las miniaturas siguen apareciendo sin que los CSI puedan hacer nada para detener al criminal, que en el último episodio decide atacar directamente a Grissom enviándole una miniatura con una muñeca atrapada bajo un coche en medio del desierto. Y esa muñeca es Sara.

La relación entre Grissom y Sara, que sólo se hace pública en ese último capítulo, es otro de los focos de interés de esta séptima temporada. Siguiendo el estilo de la serie apuntado más arriba, su historia se nos cuenta poco a poco, con una elegancia que me ha hecho olvidarme (al menos por ahora) de la tirria que les tengo a Jorja Fox y a Sara Sidle y que por momentos (como la dificultad que tiene un hombre tan frío como Grissom para expresar sus sentimientos a la mujer que ama) llega a conmover.


P. D.: La octava temporada arranca el día 27. Cuando terminaba el rodaje de la séptima, Jorja Fox se enredó en una disputa con la productora porque quería que le subieran el sueldo. Sus jefes no estaban por la labor, así que ella se negó a seguir trabajando. No sé si finalmente llegaron o no a un acuerdo, por lo que ignoro si Sara continuará o no en CSI, aunque el primer episodio de la nueva etapa se titula Dead doll.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Londres (primera parte)

Hace más de un mes que volvimos de Londres y casi otro desde que dije que iba a contar cómo había sido el viaje, así que creo que ya va siendo hora de que me ponga manos a la obra.


Día 1 (07/07/07)
Llegamos a Londres unos días después de la (pen)última alerta terrorista en los aeropuertos británicos, unos días antes de las tremendas inundaciones que anegaron el país y curiosamente el fin de semana que empezaba el Tour (que a pesar de ser de Francia arrancaba en Londres). Y además, era San Fermín.

Nuestro vuelo salía de Sevilla, directo al aeropuerto de Gatwick, por el que tuvimos que andar varios kilómetros para, primero, recoger las maletas y, después, salir del aeropuerto.

Tras cambiar de terminal (a bordo de un minitren al que se subía entrando por unas puertas de ascensor situadas en un siniestro pasillo) y coger un tren que durante media hora (y ése era el más rápido) nos llevó por barrios obreros sacados directamente de una película de Ken Loach, llegamos a la Estación Victoria, la de Willy (nada de Phileas) Fogg y las novelas de Agatha Christie (al menos su parte más antigua, porque la moderna es como cualquier otra estación de tren).

Después de llegar al hotel, cerca de Russell Square y a un paso del Museo Británico, refrescarnos un poco y soltar las maletas, salimos de nuevo a dar un primer paseo por la zona y, de paso, a buscar algo para cenar.

En esa primera caminata (a la que seguirían otras muchas) recorrimos Tottenham Court Road, plagada de quioscos y, sobre todo, tiendas de informática, y después seguimos por Oxford Street, un paraíso del consumismo y de las franquicias internacionales, y llegamos a Regent Street, donde hay una de las sucursales de lo que para mi novio es casi una religión: la tienda Apple.

Día 2 (08/07/07)
En el vestíbulo del hotel, plagado de españoles, constatamos que no éramos los únicos que teníamos problemas con las duchas, ni con el desayuno continental, del que ya hablé hace unos días.

La ruta comienza con una vista de la impresionante fachada del Museo Británico (ante cuya puerta un tipo vende los perritos más apetecibles que he olido), frente al que está Gosh!, una tienda de cómics pequeñita y acogedora pero con un impresionante fondo editorial.

Bajamos por Charing Cross Road, corazón del West End (pasamos ante el teatro en el que se representa Spamalot, el musical de los Monty Python, con su divertida cartelería) y el séptimo cielo para los que, como yo, adoran las librerías.

Llegamos a Trafalgar Square, con su National Gallery y la altísima Columna de Nelson, todo ello tapado por el circo del Tour.

Al fondo se atisba el Big Ben, más lejano de lo que parece, y hacia allí nos encaminamos, pasando por Whitehall, una avenida que concentra numerosos edificios gubernamentales. En una bocacalle, custodiada por una verja, policías y muchos, muchos curiosos, está Downing Street, donde está la residencia oficial del Primer Ministro británico, el recién llegado Gordon Brown.

Al fin llegamos al Big Ben, una mole que custodia las llamadas (y no menos colosales) Casas del Parlamento. A unos pasos de allí, otra mole, la Abadía de Westminster. Tras una ojeada al conjunto, nos fuimos a comer y, por la tarde, a la National Gallery, una impresionante pinacoteca que custodia, entre otras maravillas, Los girasoles de Van Gogh, Venus y Marte, de Botticelli, La virgen de las rocas de Leonardo (una de las dos versiones que existen; la otra está en el Louvre), El retrato de los Arnolfi de Van Eyck o La Venus del espejo de Velázquez.

En el paseo de vuelta al hotel pasamos por la ruidosa y atestada Picadilly, caminamos accidentalmente por el Chinatown londinense y entramos en el Sports cafe, un pintoresco local de decoración y ambiente deportivo donde comprobamos que Federer se estaba merendando a Nadal en la final de Wimbledon.

Día 3 (09/07/07)
Ni museos ni visitas turísticas. Es un día de shopping, de visitas a las librerías Waterstone’s y Borders (en realidad entramos sólo en algunas de las muchas tiendas de estas cadenas de librerías, la primera británica y la segunda norteamericana), atestadas de libros de autores conocidos y muchos desconocidos, con sugerentes cubiertas y atractivos precios (y secciones de cine y televisión tan bien provistas que dan ganas de echarse a llorar) y, además, discos, DVD (¿por qué los DVD del mercado británico no vienen con subtítulos en español? La de cosas que me podría haber comprado, entre ellas las dos últimas temporadas de El ala oeste, que a ver cuándo las editan por aquí) y revistas, toneladas de revistas dedicadas a casi todo.

A pesar de mi modesto nivel de inglés (nivel medio, hablado y escrito, como decimos todos), me llevé un par de cositas de Borders: Diaries: The Python Years 1969-1979, de Michael Palin; Inside Little Britain, perpetrado por David Walliams, Matt Lucas (los dos artífices de la serie) y Boyd Hilton, y unas obras completas de Poe que me costaron dos duros.

En la tourné consumista no podía faltar la obligada parada en GAP (compra de camiseta incluida, of course) y una visita como Dios manda a la tienda Apple, un establecimiento amplio, luminoso, bonito y en el que te dejan toquetearlo todo cuanto quieras (y el rato que quieras, aunque, eso sí, de pie) y que además tiene una sala de conferencias con unas butacas comodísimas ideales para reposar la espalda después de un duro día de caminata mientras un tipo te da un cursillo sobre el Photoshop CS3 o el iPod.


-Londres (prólogo)